Conferenciante: Apóstol Paulo Tércio
Texto: Vera Góes
Traducción: Josiane Holanda
Actualmente, Dios nos ha restaurado en muchos aspectos, nos ha tocado y hecho maravillas en medio de nosotros. Sus palabras nos han despertado a vivir verdades espirituales que trasforman. Cosas nuevas que el Señor tiene Para nosotros, son cosas hermosas que ÉL tiene preparado.
El tema de este mes es el vino nuevo y que Dios quiere derramar sobre nosotros algo nuevo. Esto requiere romper con los viejos, romper el jarrón para que lo mejor del Señor se haga real en nuestras vidas y que ÉL no llene con unción del nuevo sacerdocio con el fin de vivir y de apropiarse de reposicionamiento de este año preparado por Dios en cada áreas de nuestras vidas. Sin embargo, hay circunstancias que nos limitan, porque hemos heredado patrones de pensamiento, las normas, la capacidad intelectual, creencias o paradigmas que bloquean la nueva vida que Dios reservó para nosotros. Podemos ver a la gente limitada en su vida financiera y su vida familiar no tiene éxito. Los paradigmas nos impiden tomar medidas de bendiciones, levándonos a bloqueo, a las fortalezas de las imposibilidades. Por eso, debemos romper y vivir sin bloqueo. Jesús es el vino Nuevo y tiene un nuevo sacerdocio para nosotros, su pueblo generado en alabanza de su gloria para vivir lo que hay de mejor.
Sacerdocio es ser capaz de vivir delante de ÉL, es la capacidad que Dios nos da para atraer a su corazón y su voluntad; es conocer sus secretos. En el Antiguo Testamento, el sacerdocio levítico, hubo varias actividades para el sacerdote para llevar a cabo los rituales y el cumplimiento de normas. Pero Dios tiene algo más.
“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sión la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes Tú el rocío de tu juventud. Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Salmos 110. 1-4
Este texto habla de David, sobre un nuevo sacerdocio en la tierra y revela el amor de Dios por la iglesia. Dios nos llama y hay un nuevo sacerdocio. En esta posición estamos sentados y a su vez teniendo un relacionamiento con ÉL. Así que nos ofrece autoridad sobre nuestros enemigos que resulta en nosotros la santidad, el corazón dispuesto a ser voluntario y servir con amor a Jesús, no por obligación y reglas. En el sacerdocio levítico, el sacerdote tenían muchos deberes: mantener el fuego, la quema de incienso, mover el pan de la proposición, ofrecer los primeros frutos, el cuidado de los leprosos. Todo eso, era muy importante y no podemos ignorar, pero sólo se realizaban rituales en el tabernáculo. Hoy, Dios nos llama más profundo, a su derecha, ubicado y reubicado en ÉL. No Nos llama de siervos, sino amigos. No tenemos que hacer nada por obligación, sin alegría, porque eso es religión. Jesús no es religión, ÉL es en Jesús podemos decir: Abba Padre y nos llama a sentarnos a su derecha.
“Porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque él recibió el pueblo la Ley), ¿Qué necesidad habría aún que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Hebreo 7.10-12
“Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle. Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie”. Hebreo 9.18.
Estos textos nos nos muestran que no vamos a experimentar la intimidad con Dios mientras el primer tabernáculo esté de pie. Con amor, debemos dejar el Señor romper paradigmas y nuestra manera de pensar mal, y actuar como un alfarero que moldea la vasija. Necesitamos esta sanación en nuestras vidas.
Podemos ver un ejemplo en este pasaje:
“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”. Eclesiastés 1.9
Si nos fijamos en este versículo fuera de contexto, entendemos que nada tiene que cambiar, porque no cambia nada, no sirve ni siquiera intentarlo. Esto se convierte en trampas de Satanás para aprisionar el alma. Hay muchas sectas creado por paradigmas, o el engaño, los textos fuera de contexto. Pero, de hecho, dice que no podemos hacer nada fuera de Cristo. En Cristo viviremos una nueva vida.
Por el contrario, Isaías 43,19 dice:
“He aquí que Yo hago cosa nueva; pronto saldrá la luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y, ríos en la soledad”. Isaías 43.19
El Señor está creando algo nuevo, es la liberación de su poder y autoridad. Todo lo que recibimos de la educación, la enseñanza, lo que la gente podría decir, eran formas de ser en nosotros y creemos que a la luz de la Palabra de Dios se convirtió en fortalezas que nos impide vivir lo mejor de Dios. En el nuevo sacerdocio, Dios quiere que su iglesia esté lista para elevar de una manera sobrenatural, para llenar odres nuevos con vino nuevo, lo que nos permite reposicionar. En Génesis 14,18-19 Melquisedec bendice y hace un pacto con Abram pan y el vino que apunta a ofrecer el nuevo pacto en Cristo y un nuevo sacerdocio.
En el antiguo pacto para que el sacerdote cumpliese su función, le eran tomadas sus ropas, luego se lavaba con agua todo su cuerpo, poner la ropa nueva y luego el aceite derramado. Esto significa que en Cristo en la cruz nuestra ropa se cambian, nuestros pecados son borrados y perdonados, lavados en las aguas del bautismo y, más tarde, el Espíritu viene a nosotros, lo que justifica y la unción vertiendo sobre nosotros. Esta es nuestra herencia. Podemos sentir el amor de Dios en sus planes para cada uno de nosotros. En este nuevo orden sacerdotal; el vino nuevo y la recolocación del sacerdocio. ¡Lo mejor de Dios está ahora!